terça-feira, julho 15, 2008

solidão



Não podemos viver sozinhos. As nossas vidas estão ligadas por mil fios invisíveis, e ao longo destas fibras compreensivas, as nossas acções executam-se como causas e, voltam para nós como resultados.

Herman Melville
«El tren de mi vida acababa de detenerse en una estación solitaria y triste. Era el momento de bajarse, estirar las piernas, respirar hondo y aventurarse a coger otro tren. Cualquier tren. Quizás, con un poco de suerte, las nuevas vías me llevasen a mi verdadero destino. A la estación perdida donde quizás me estuviese esperando el amor verdadero.
Estaba decidido. Me iba. Lejos. A donde fuese, no importaba. Dirigí una mirada rápida al hotel sobre la colina. En breve todo aquello no iba a ser más que un recuerdo. Adiós a Ramón y a su primo, a Maite, a Marcos y Marta, a Luis y Diana, a todos los demás. Adiós a las tardes de domingo en el pub. Adiós a la vida que había vivido durante quince años. Adiós.
Me asaltaron unas irresistibles ganas de llorar, pero no hizo falta: en ese momento empezó a llover. El verano había acabado.» Daqui.

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